Los finales son principios ó finales
infinitos, porque al fin y al cabo los años no son más que una unidad
abstracta y convencional del paso del tiempo, hitos en nuestras vidas, espacios
acotados en los que llevar a cabo nuestros proyectos, ansias, sueños y
promesas, que se suceden con la periodicidad pragmática de los 365 días.
No soy muy propensa a elaborar
listas de propósitos y deseos. Una vez más y como cada año, sólo le pido al
2014 ilusión, porque es el motor de la creatividad, el entusiasmo y la pasión. La
ilusión y la curiosidad son piezas del engranaje perfecto que articula la vida.
Por todo ello, y eligiendo el
tono del pantone más cercano a la esperanza, brindemos por un 2014 que nos
llega cargado de incertidumbre y proyectos futuros. Tomemos la mochila
cargada con las piedras preciosas que
son nuestras ideas y salgamos a su
encuentro, porque el 2013 ya es pasado, pasado inmediato.


















































