Imagina un día ideal, sol radiante, cielo
azul y la tapia perfecta pintada casi al modo pseudo-mondrianesco con rectángulos en colores marrones, caramelo y
beige. Y la reja de fundición oxidada, con la textura rugosa y la pátina rojiza del acero corten.
Perfecto como fondo para el vestido retro en los mismos tonos y print
geométrico de círculos concéntricos. Geometrías opuestas unidas por un cromatismo
común.
Pero en el momento de su edición,
¡sorpresa!. Las instantáneas se han tomado en escala de grises, como un
capricho del mundo digital. Quise desecharlo, pero mejor no, porque la vida es así, las cosas no siempre salen
como hemos planeado y derivan hacia otros resultados.
Quizá mejores, nunca lo
sabremos.
Mientras tanto, ¿dónde está el
caracol?




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